sábado, 29 de septiembre de 2007

Christian Reynoso

Por Gabriel Ruiz-Ortega


"Lago Grande me sugiere a mí, todo un mundo ficcional, toda una ciudad urbana, toda una vida en movimiento, que seguramente será el escenario de futuras novelas"


La novela "Febrero Lujuria" (Matalamanga, 2007) es una muestra indefectiblemente de que la nueva narrativa peruana atraviesa un muy buen momento. En ella confluyen una serie de personajes que se entregan a los favores y desdichas de la fiesta de la Virgen de la Candelaria, la cual se da en la ciudad ficticia de Lago Grande, en una semana de febrero en la que quedan de lado las convenciones morales. Novela de personajes, de situaciones hilarantes y trágicas que entrega Christian Reynoso (Puno, 1978) a la memoria perdurable de los agradecidos lectores.



- Para ser una primera novela, su extensión sí que sorprende.
- La verdad es que nunca me preocupé por el número de páginas de la novela. Ni siquiera calculé si ésta iba a ser corta o extensa. Sólo escribí respondiendo a la necesidad de la historia y si había que escribir más no había ningún problema. Incluso, una vez que tuve una primera versión del diseño del libro, recién pude darme cuenta que eran más de 400 páginas, entonces parecía algo extraño, porque yo mismo no estaba conciente de que había escrito una novela digamos extensa.

- Como que a primera impresión puede alejar a un lector común y corriente. Lamentablemente suele pasar eso con libros así. Sin embargo, la novela adquiere un vuelo sostenido desde su primera página.
- Seguramente hay lectores que se asustan ante la idea de una novela larga, pero también creo que es responsabilidad del escritor, en el sentido de hacer que su historia tenga esa apertura necesaria para seducir al lector y quitarle aquel miedo, y es donde entran a tallar elementos de manejo de lenguaje o estructura narrativa, etcétera. Entonces no sé si eso pase con "Febrero lujuria", pero al menos según puedo desprender de lo que dices parece que es así. Muchos amigos que leyeron los primeros capítulos de la novela antes que ésta se publicara, decían que les quedaba una gran curiosidad por saber qué venía. En todo caso, eso puede considerarse como una buena señal.

- La novela está ambientada en la ciudad ficticia de Lago Grande. Me parece ideal que hayas creado este espacio geográfico ya que hace más rico el mundo andino que se representa.
- Lago Grande es una ciudad ficticia que ya empieza a aparecer en algunos cuentos que publiqué antes o mientras escribía la novela. No quise poner el escenario real, es decir la ciudad de Puno, ya que sentía que ésta me limitaba en términos de ficción. Quizás algunos escenarios ficticios de Lago Grande no hubieran resultado verosímiles si los ubicaba en Puno. Además, Lago Grande me sugiere a mí, todo un mundo ficcional, toda una ciudad urbana, toda una vida en movimiento, que seguramente será el escenario de futuras novelas. De hecho en "Febrero lujuria" aparecen algunos personajes muy secundarios que más adelante serán los protagonistas de otras historias, como el detective Granados o el periodista Arévalo o Silvia, la mujer del Loco Montalván. Pienso también que muchos lectores terminarán creyendo que Lago Grande es una ciudad real que se ubica en alguna parte entre Perú y Bolivia. Y entonces me gustaría acompañarlos a caminar por sus calles, beber en sus bares, conocer a su gente y por qué no, buscar la felicidad.

- A medida que se acercan las celebraciones de La Virgen de la Candelaria, los personajes se disponen a "interpretar" roles que sólo lo pueden realizar en dicha fiesta. Lo que realiza el cura Esquivel al disfrazarse es prueba de ello.
- Pienso que es en el mes de febrero cuando llega la fiesta, en que todos obtienen la licencia, muy esperada de paso, para esa conversión o interpretación que mencionas. Por eso es interesante ver cómo una ciudad entera se paraliza cuando llega la fiesta y cómo sus ciudadanos asumen diversos roles dentro de ésta, incluso para los que no tienen una cercanía con la fe, la devoción y la fiesta en sí. Ahora, el cura Esquivel, en efecto, encuentra en este espacio de la fiesta el momento más óptimo para exteriorizar esa conversión que no sólo responde a un deseo pasajero sino que va más allá, al poder satisfacer algo más profundo y personal como es su inclinación vouyerista. Entonces el espacio de la fiesta es una invitación y gran oportunidad para sacar a relucir ciertos deseos guardados, así utilicen máscaras o no, o alcancen una dorada efervescencia alcohólica o no. Sin embargo, no sé si sólo cuando llega febrero y la fiesta es que puede hacerse esta conversión ya que hay muchos que después de concluida la fiesta, siguen aún como "diablos" a lo largo del año. Son, pues, los diablos sin máscara que siempre vemos caminando, porque por alguna razón se sienten mejor así, viviendo en la frontera de lo prohibido.

- Me gustaría que me digas si la reyerta entre el Loco Montalván y Toro, personajes de la novela, fue un hecho real, o fue algo inventado, puesto que las páginas que recrean la reyerta ponen a la Virgen en un plano protagónico.
- La reyerta entre Montalván y Toro en el barcito de doña Susana es un hecho ficticio. Por supuesto, en la fiesta siempre se ven peleas entre danzarines, espectadores, músicos, etcétera, que tienen como telón de fondo principalmente el exceso de cerveza. Pero en la novela, no valía la pena relatar una pelea cualquiera, sino tenía que haber algo más. Entonces el elemento que da valor a esta pelea a punta de chaveta entre estos dos personajes que son dos delincuentes es justamente que ésta se produce por la Virgen Candelaria. El Loco Montalván será todo lo delincuente o degenerado que quieran, pero a su modo cree en la Virgen, le tiene fe, por eso que la cicatriz que tiene en su hombro derecho en forma de "C" -de Candelaria- es para él una muestra de esa conexión entre él y la Virgen, y esto hace que muchas veces dude de su accionar delincuencial y en este caso, se vea en la duda de formar parte o no del grupo que asaltará el Camarín de la Virgen que contiene un botín muy valioso. Finalmente, le gana el lado bueno y surge la pelea para impedir que Toro cumpla su cometido. Eso sí, tengo un recuerdo difuso de haber conocido alguna vez en un bar de mala muerte en el que yo mismo no sabía que hacía, a un hombre al que sus compinches llamaban Toro, aunque nunca haya vuelto a saber de él.

- Curiosidad, apego, fascinación, fastidio y demencia se dejan notar en los personajes en su relación personal con la Virgen. Y esta, digamos, feligresía laica ve su punto de quiebre en febrero. Como esta fiesta tiene fama de ser excesiva, ¿cuánto ha cambiado a lo largo de los años?
- Cada año la fiesta de la Candelaria cambia para bien o mal, y esto porque cada año, sus participantes directos sean danzarines, alferados y espectadores también sufren cambios en sus vidas. Así, cuando llega febrero cada quien se enfrenta a la fiesta de forma diferente. Por eso el collage de personajes y actitudes, muchas veces ambiguas, que se generan en la fiesta y en la novela. Cada año la gente quiere más, y ese deseo de abundancia está manifestado en esa supuesta fe y veneración a la Virgen que la gente cree tener y que se reproduce en danza desenfrenada, torres de cajas de cerveza -hay toda una pugna de las empresas cerveceras por ganarse el mercado-, trajes costosos, libre albedrío, apetito sexual, etcétera que puede representar ese punto de quiebre de esa feligresía laica que mencionas. Es que todos son humanos y la tentación del pecado siempre está ahí, a la vuelta de la esquina, por más que se tapen los ojos. Entonces, mientras más grande sea el despilfarro, mayor será la fe hacia la Virgen, lo cual, por supuesto, es una ridiculez, más allá de las diversas interpretaciones, porque me parece que el despilfarro está bien, y que no hay que asustarse de ello, pero que de ahí, a que esté ligado a una situación de fe, devoción, no. Por el contrario, es un indicador de exageración, jolgorio, paganismo, que hay que aplaudir libres de todo prejuicio, porque para eso están las fiestas. Ahora, en algún momento de la novela es el mismo cura Esquivel quien reflexiona sobre esto, justamente cuando entra al Camarín de la Virgen y ve las abundantes y valiosas pertenencias que ostenta. Finalmente, es muy visible en Puno, que en los últimos años la mayoría de la gente que danza en la Candelaria lo haga por diversión y todo lo que ello implica, que por convicción religiosa o veneración a la Virgen. Y peor aún, para quienes dicen hacer ambas cosas, porque allí se ve esa dualidad religiosa o pagana que es poco confiable.

- Un par de personajes que arrancan más de una risa al lector son el cura Esquivel y el poeta Núñez. Santidad y promiscuidad cobijados por el aura de la veneración.
- Sí, yo también he sentido mucho placer al crear estos personajes, y más allá de sus historias independientes, hacer que en algún momento se encuentren en una situación de conflicto, como sucede con la discusión que se genera entre ellos a causa de un cuadro desaparecido de la iglesia San Juan. Este contraste entre ambos personajes en cierta forma me ha permitido, a través del poeta Núñez, burlarme un poco y poner en evidencia aquella hipocresía religiosa que se ve en un gran sector creyente, lo cual es aún mucho más notorio en la fiesta de la Candelaria. Creo también que Núñez y Esquivel son dos personajes inocentes atrapados en ese jolgorio desmesurado de la fiesta, lo que genera en ellos, sentimientos encontrados. Por eso que Núñez en algún momento cuestione su creencia religiosa y Esquivel termine loco asumiendo el costo de su fracaso al no haber podido impedir la mezcla de cerveza, danza y fe pagana de los feligreses como expresión de fe y veneración a la Virgen. En ese sentido, creo que el tema de la religión y la fe en la Candelaria puede verse desde una óptica muy crítica pero también con humor, porque las contradicciones de sus actores hacen que sea así. Entonces para mí resultó muy interesante poder enfrentar poesía y religión, o belleza y falsedad, en las páginas de la novela a través de estos dos personajes.

- La fiesta también llama la atención de personajes foráneos como los franceses Monsieur Wieland y su hija Katherine, y el argentino Guillermo.
- Claro, es que la fiesta tiene también esa capacidad de juntar a personas de todo lugar y condición, y la novela tenía que retratar eso. Ahora, Puno cada vez se está convirtiendo en una ciudad turística con mayor presencia de foráneos. Y eso se ve aún más en febrero con motivo de la fiesta donde los foráneos viven todo un éxtasis de baile y bebida, como si se estuvieran descubriendo a sí mismos. Entonces estos personajes me sirvieron para contraponer otros puntos de vista respecto a la vivencia y compenetración que uno siente con la fiesta. Por eso, al dejarse llevar por el jolgorio, encuentran una felicidad de fiesta que termina convirtiéndose también en una felicidad carnal.

- Me queda claro que te documentaste para la novela. También puede leerse bajo otras ópticas. ¿Cómo manejaste los datos en pos de no quitarle a la novela su base ficcional? Te lo pregunto porque el uso, ya sea responsable o temerario, de estos juega un papel crucial en lo que respecta a la verosimilitud.
- En primer lugar creo que todo escritor debe creer en lo que escribe o al menos ser el primer convencido de que sus ficciones son verosímiles. Esto de alguna forma ayuda a interiorizar una realidad ficcional que de por sí sola, en el proceso de escritura, va adquiriendo mayor verdad y justamente es por eso que puede prestarse a diversas lecturas. En ese sentido, me parece interesante que "Febrero lujuria" pueda tener esa característica. Ahora bien, para escribir la novela también tuve que leer y revisar bibliografía enfocada a la historia de la fiesta y de la Virgen, aunque debo decir que mucha de esa bibliografía resultó repetitiva y sin contenido.

- Claro. No es una novela histórica.
- Por supuesto, nunca me interesó hacer una novela histórica, pero sí advertí que aquellos datos propios de la historia que además se prestan a diversas versiones, de alguna forma debían ser incluidos en la novela. Allí es donde entra a tallar el capítulo aquel, en el cual a través de una conversación de bar teniendo como fondo la víspera de la fiesta, el personaje don Ignacio cuenta la historia de la Virgen y de la fiesta, además del significado de las danzas, a monsieur Wieland. Coincidentemente este capítulo fue el último que tuve que reescribir antes de publicar la novela. Entonces se trataba de poner sobre la mesa las distintas versiones de la historia sin inclinarse por ninguna. Sentí que si no se contaba esto la novela no iba a estar completa. Por ejemplo, todos saben en Puno qué es la danza de la Diablada, pero quizás en otras partes no, entonces para tener una comprensión cabal de la novela, ameritaba explicarlo de alguna forma cuidando no romper el plano ficcional que es la esencia de la novela.

- Esta fiesta orgiástica es también una revancha contra las ilusiones perdidas, no sólo para los habitantes de Lago Grande.
- Esta pregunta me sugiere el preguntarme a mí mismo, ¿quiénes son los habitantes de Lago Grande? Entonces pienso que cuando la noche cae en la ciudad de Puno, ésta se convierte en Lago Grande sin que sus habitantes lo sepan. Y cuando llega febrero, aún la conversión es total, no sólo al caer la noche sino desde los primeros hasta los últimos días del mes. Entonces, en este espacio, la revancha puede entenderse como la liberación de aquellas ilusiones perdidas, por eso que en esta fiesta lo entreguen todo. Sin embargo, también puede hablarse de un festejo por la satisfacción de haber hecho realidad los sueños.

- ¿Cómo así?
- Por ejemplo, muchos en esta fiesta materializan el amor en la figura de cualquier danzarina de buenas piernas como el personaje Paola Candelaria, o ven la posibilidad de regocijarse en un mar de botellas de licor como Lizandro y sus amigos, o descubrir el consuelo que el Loco Montalván encuentra en la muchachita Cintia para olvidar por unos días a Silvia, la mujer que ama y no tiene. Así, todo esto se traduce en ese ofrecimiento de la fiesta que conduce a sus participantes a explorar los deseos infieles de su razón y corazón. Por eso, en la fiesta de la Candelaria, todos terminan ganando algo. Los perdedores, más bien, serán aquellos que no tengan ni para un par de cervezas.

- En una novela así es imposible no especular sobre el influjo algunos autores. Por su estructura y tema me inclino como si hubiera un tributo a Vargas Llosa y a José María Arguedas.
- Coincidentemente junto a Ribeyro, Vargas Llosa y Arguedas son los escritores peruanos a los que más he seguido en su literatura. En ese sentido es probable que haya recibido alguna influencia de ellos al momento de escribir la novela o al momento de articular la técnica narrativa. Sin embargo, al menos de manera conciente no me propuse en ningún momento hacer de la novela un tributo a ellos, aunque inconscientemente puede ser que aquellos gustos literarios se hayan ido filtrando en la historia misma. Por otro lado, si Arguedas aparece en la novela en boca del personaje Rolando Montoya, es porque quise contar y dar a conocer que Arguedas estuvo en Puno justamente en una fiesta de la Candelaria admirando el concurso de danzas en el estadio y que gracias a esta experiencia, posteriormente, Puno pudo ser declarado como la Capital del Folklore Peruano. Además en un artículo en El Comercio Arguedas se planteó el hecho de saber qué efectos causaría este espectáculo en los Campos Eliseos de París o en la Quinta Avenida de New York. Y por supuesto, en la novela, el personaje Montoya aún va más allá, imaginándose esta fiesta de danzas en las calles de otras ciudades cosmopolitas.

- En la página final de "Febrero Lujuria" se nos indica que la novela demoró en escribirse cuatro años. Pero me gustaría saber desde cuándo tenías pensado escribirla ya que por la magnitud de la entrega ésta no parece haber sido concebida de la noche a la mañana.
- Sí, de hecho esta novela no ha sido concebida de la noche a la mañana y tampoco ha respondido a los cuatro años que precisó su redacción. Es probable que a lo largo de los años desde mi niñez, adolescencia y juventud en que fui observando la fiesta de la Candelaria haya ido naciendo alguna inquietud que finalmente se manifestaría a través de la literatura en el cometido de entender, reinterpretar o reinventar esta fiesta. Más bien, sí alguna vez me propuse escribir un cuento con este tema, intento en el que no tuve éxito justamente por la complejidad de la fiesta. ¿Desde qué punto de vista abordarla? ¿Qué personaje principal crear? ¿Qué contar de la fiesta?, y una serie de preguntas. Este intento frustrado hizo que me planteara la idea de abordar la fiesta desde la novela, como género mayor que podía darme más posibilidades narrativas, y eso, en el tiempo de escritura de la novela se fue consolidando, porque además para mí fue un tiempo de descubrimiento literario y de lecturas que ayudaron a perfilar la novela.





Articulo publicado en Sociedad Cultural del Santa
lunes 16 de julio de 2007


FEBRERO LUJURIA
primera novela del puneño
Christian Reynoso




Haciendo uso de la ficción, FEBRERO LUJURIA recrea la festividad de la Virgen de la Candelaria, celebrada cada febrero en Puno, en la sierra sur del Perú. La historia transcurre en Lago Grande, ciudad ficticia donde los numerosos y variopintos personajes que aparecen a lo largo de la novela se ven entrelazados en el transcurrir de una gran fiesta de veneración. Pero cuando llega el mes de febrero y la festividad, ¿acaso no es el Diablo quien se apodera de los corazones de los ciudadanos para desafiar al bien y dar rienda suelta a los instintos de un festín orgiástico de danza, lujuria y fe pagana? Pregunta complicada si se piensa en los orígenes, supuestamente incorruptibles moralmente, de los personajes que dan vida a FEBRERO LUJURIA, seguramente una de las novelas peruanas más interesantes de los últimos tiempos.

Christian Reynoso (Puno, 1978) Es periodista de profesión. Ganó los Juegos Florales 2001 y 2003, en cuento de la Universidad Nacional del Altiplano. Ha publicado Los testimonios del manto sagrado (relatos, 2001) y el ensayo periodístico Látigo del Altiplano, biografía de Samuel Frisancho (Lago Sagrado editores, 2002). Cuentos suyos han sido publicados en libros, revistas y webs literarias. En los últimos años escribió las columnas de opinión: La tertulia del fantasma y La chuspa del diablo en los diarios Los Andes y Correo de Puno. Durante el 2005, estuvo en eventos literarios en Madrid, París y Guadalajara.

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