sábado, 8 de marzo de 2008

Palabras del escritor peruano Jorge Diaz Herrera, en la noche de
presentación de mi libro: La tortuga Alicia, este 05 de marzo del
2008, en el Centro Cultural España. Noche mágica de poesía, cuento,
amistad, familia y amor, abrazos a Lili y todos, Julia del Prado

LA TORTUGA ALICIA

Siempre me resulta muy grato asistir a un bautizo, y mucho más como
ser algo así como quien bate el incensario o se viste de padrino
(para ser padrino). Toda venida al mundo de algo bueno es una fiesta.
Y, la situación que hoy vivimos es tan compleja, tan complicada, que
yo no me perdería ninguna, menos aún una alegre reunión de amigos
para saludar a la autora y a su nuevo libro, a su flamante criatura y
criatura, como lo son Julia del Pardo y "Alicia la tortuga".
¡Bienvenidos!

Siempre he compartido y comparto el convencimiento de que una cosa es
literatura infantil y otra, literatura para niños. La primera,
literatura infantil, es pues la que escriben los niños. Y literatura
para niños, la que escriben quienes ya no son (ya no somos ) niños
para los niños.

Sin embargo, en ambos casos flota una atmósfera común, un clima
común: el espíritu de quien está dando sus primeros pasos por los
añosos caminos de la vida, y el espíritu de, quienes ya habiendo
caminado un buen trote por este pedregal de almanaques mantienen en
el alma o en el hueso o en la sangre la alegría que trae todo
amanecer, vale decir: la juventud, la infancia perpetua, la poesía
más transparente y pura. Pura, en cuanto a que aún no está
contaminada con el smock de tantos calendarios, de las canas blancas
y de las canas verdes.

Un querido poeta y maestro, Juan Ríos, solía decir que la diferencia
entre ser ser niño y no serlo está en tener o no tener ganas de
jugar. Y la literatura para niños es siempre un juego, un juego de
palabras, pero, antes que todo: literatura; es decir, arte.

No porque se escribe para niños quien lo hace está no obligado a
tener el convencimiento de que, ante todo, está haciendo una buena
literatura. De lo contrario, lo que se logrará será una adefesiera
ñoñería.

Julia del Prado es , evidente, una encantada por los niños, una
embrujada por la niñez perpetua, por la infancia inacabable. Hoy lo
hace evidente en este libro "La tortuga Alicia".

La singular forma en que lleva el compás de su escritura, quizá
buscando el verso, quizá buscando simplemente quebrar la prosa para
resultar más asequible a los lectores (teniendo en cuenta su breve
edad y su propensión soberana a aburrirse) da una primera impresión
visual de que quien entra en sus páginas entra verdaderamente en un
tren, en un barco, en un mar (quizá más valdría decir en un tren, en
un barco, en un mar de juguete). Pues en todo el texto de "La
tortuga Alicia" canta una atmósfera, un aire lúdico. Sus personajes.
Las hazañas de ellos. Los simpáticos nombres. La alegría. El amor.
La procreación. Animales, hombres y dioses hablan el mismo idioma y
enredan sus aventuras para arribar a una playa feliz.

Mencionaré algo que me ha deleitado de modo especial en "La tortuga
Alicia": los nombres de sus personajes en este zurcido juguetón
de "Piratas y corsarios en su barcaza de calavera", como lo señala la
autora. El tortugo Mon (la tortuga galápagos), novio, esposo y padre.
El Tiburón Masca Fierro Malón, a quien describe con especial
gracia:"Con estolón al cinto y su gran arete en la oreja izquierda
saca el pecho; La reina Ximena, reina de las aguas; el Delfín
Timonel, las tortuguitas Mandrágora y Tisona, el mago Manganzúa
Songolili, que tras conjuros mágicos saca de la manga, "Mangotas de
bocas anchotas", trenes, aviones, barcos, pelotas, matracas, sonajas,
tambores; el Delfín Tambor Huasca; la Foca Romina; Ramón Rodríguez,
el pelícano grumete, el Dios Kon, Pitasafi y Ninanguintué, Occhocalo;
Fonja Signé.

En fin, un mural inacabable de seres de todos los mundos, de todos
los reinos.

Otro aspecto de "La tortuga Alicia" es el continuo empleo de modos
juguetones de hablar, semejantes a las décimas, cantos de la cultura
negra, o simplemente pregones: "Papú comadre Papú compadre papú Manué
papppú en cherrebé del señor Naylambé hay cevichito hay canchita
salada chicha y cajón; pisco puro…"

Este ritmo musical del habla señalada es muy reiterativo, lo que da
al conjunto del libro un aire de fiesta, un aire juguetón, divertido:

"Tracatatá tracatatá Tutatacá tutatacá"

"Rash Rash rash rash Tracatatá
Tutatacá tutatacá".

"A la mimbre mimbre a la simbre simbre simbre juala juala jualalá
pito poquito potito será"

Bien vale la pena recordar que hasta mediados del Siglo XX estuvieron
muy en uso en los divertimentos literarios las llamadas JITANJÁFORAS,
atribuidas al ingenio de Alfonso Reyes, el ilustre mexicano.

Usos y tradiciones populares en la tradición infantil: "Nada por acá.
Nada por allá. Abracadabra patadecabra"

Y tampoco queda fuera de contexto el pícaro y aderezado coqueteo
femenino frente al aspirante a galán. "Y con un guiño de coqueteo
conmueve a Mon".

Igualmente, en esta multiplicidad expresiva, no falta el buen tono
castellano que trae aires de copla andaluza: "Yo les doy amor amor,
tortugas bonitas de piquito y coral ojitos de estrellas que alumbran
la mar

Es, pues, "La tortuga Alicia" un buen parque de entretenimientos y de
manejo idiomático, cuyos enredaos hacen de este libro una mágica
aventura donde no hay límite para la imaginación, para la amistad..
"Uno para todos Todos para uno".
Jorge Díaz Herrera

1 comentario:

julia del prado dijo...

María querida, cuànto trabajo y cuànto cariño que pones a lo que te conmueve y a los amigos, gracias,siempre, Julia

FEEDJIT Live Traffic Map

FEEDJIT Live Traffic Feed

Regresar a la entrada

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket